Una Heróica Cruzada al Reino de las Hadas y los Dragones

Editorial Kier
Colección del Canal Infinito
222 páginas
ISBN 950-17-7032-X
La gran aventura que comenzó con un ascenso de Ojos de Menta y Ojos de Miel a las cumbres de la Montaña Sagrada en Creta, y siguió con el descenso a la Caverna Mágica, culmina ahora en una heroica cruzada. Una “Gran cabalgata” que atraviesa los Reinos del Aire y del Fuego. A ella se han sumado Monjes rebeldes, Alquimistas, Kabalistas, Magos Europeos, la Maga Melusina con su Gato encantado e innumerables Elfos y Hadas. Los protagonistas aterrizan en el Reino del Aire. Al caer prisioneros en los bolsillos del Gigante Gargantúa y pisar un misterioso Césped Extraviado, entran en las dimensiones de las Hadas y conocen sus poderes mágicos, viviendo una extraordinaria suma de experiencias sobrehumanas. Las aventuras siguen al desembarcar en el Reino de Fuego, entre dragones que surcan los cielos y marchan por el desierto. Allí reciben la más secreta oración bizantina para invocar a San Jorge y la antigua oración al Rey del Fuego. El eremita del desierto les anuncia la existencia de unas potentes “Cartas Mágicas” que dan respuestas a los más grandes interrogantes…

ÍÍndice
Introducción:
El informe del Monje Portero
Capítulo 1 – La llegada de los Tuhata de Dannan.
Capítulo 2 – El Reino del Aire
La Isla Perdida
Capítulo 3: El Gigante Gargantúa.

Capítulo 4: El Bosque de la Impaciencia, El Césped Extraviado
y La Piedra Agujereada.

Capítulo 5 – Hansel y Gretel

Capítulo 6: Las Historias de la Corte del Rey Arturo
y la Gran Fiesta de las Hadas.
Capítulo 7: La Gigantesca Convención de los Gigantes. La Oración del Aire.

Capítulo 8 – El Reino del Fuego
El salto por el Anillo en Llamas y el encuentro con las Hadas de Bronce.

Capítulo 9- El Espejismo de las Lamias.
Capítulo 10 – La Batalla con los Dragones.
Capítulo 11 – Las Gárgolas y la Oración del Fuego.
Capítulo 12 – El Padre del Desierto.
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INTRODUCCIÓN

El Informe del Monje Portero
Monasterio del Nuevo Amalfion.
Creta. Enero del 2006- Año del Señor.
Reporte de Viaje
Iluminado por la tenue luz de la vela, el Monje Portero puso la antigua pluma en el tintero, frunció el entrecejo y suspiró profundamente mientras releía el informe que acababa de escribir:
“Dios los proteja. La última vez que fueron vistos, Ojos de Menta y Ojos de Miel, volaban a toda velocidad rumbo a la Isla Perdida a caballo de las Sirenas Coronadas. Como es sabido, esta es una de las Islas pertenecientes al extenso Reino de las Hadas, también habitado por Gigantes. Estoy intranquilo, nos han informado que fuertes vientos han estado soplando en los Territorios Mágicos, y temo que tal vez alguna tormenta imprevista los haya desviado de su rumbo. No se donde puedan estar y si acaso estén en peligro. Los viajes por esas tierras no son siempre tan pacíficos. Tengo por tarea, además de controlar las puertas de este Monasterio, el hacer un reporte detallado de los pasos de quienes recibiendo nuestro mapa, parten desde aquí a recorrer los Reinos Encantados. Los dos bravos Comandos de Conciencia que se atrevieron a golpear las puertas de este Monasterio reclamando con tanto valor la entrega de nuestros secretos y de nuestros contactos, son mis preferidos. Nunca pude olvidar sus ojos dulces como la miel y frescos como la menta, llenos de exigencias y preguntas, resplandeciendo de inocencia. A ellos por cierto hemos entregado las coordenadas mas secretas para visitar el Reino de los ángeles y para encontrar las mas recónditas razas de Duendes, Elfos, Sirenas, Hadas y Dragones. Con nuestro mapa atravesaron los nueve niveles de la Montaña Sagrada y llegaron hasta la cumbre. Fue un maravilloso ascenso en conciencia, mil veces bendito, pues lograron vencer los obstáculos, atravesaron las pruebas. Y recibieron entonces los misterios de los nueve Coros de ángeles y las antiguas oraciones de poder. Por cierto tuvieron ayuda, fueron guiados por algunos de los nuestros: el sabio pastor, los monjes guerreros, el eremita de las noventa y nueve velas.
Luego, acompañados por nuestra poderosa Maga y su gato Arturus, descendieron hasta las mas hondas honduras del Reino de la Tierra y abrieron una de las mas antiguas puertas dimensionales que todavía permanecen abiertas: la que nosotros custodiamos, situada en el sur de Creta, próxima a nuestro Monasterio. Por cierto cruzaron el Río Violeta que corre a toda velocidad en las profundidades de la Caverna Sagrada, y desembarcaron así en el Reino de la Tierra, primera escala de su viaje.
También los custodiaba nuestro querido amigo y maestro, el Alquimista. Muchas veces, desaparecía sin causa alguna. Ellos nunca lo supieron, pero envuelto en una nube violeta venía al monasterio para darme el reporte de sus movimientos. Por el supimos que se contactaron con éxito con los Duendes de Frontera y que se encontraron con los dulces Brownies quienes justamente estaban huyendo de la civilización. Supimos también que fueron secuestrados por feroces hormigas, y que tuvieron largas conversaciones con las sirenas. Y luego de explorar el Reino del Agua, cayendo al remolino de los tiempos, atravesaron las mas antiguas edades hasta llegar al año 4000 A.C y mas atrás. Y transponiendo los tiempos del diluvio, llegaron por fin al fondo del mar. Y luego de un fuerte enfrentamiento con las malvadas Gorgonas, sabemos con certeza que cruzaron la Puerta del Tiempo sin Tiempo. Pero desde entonces ni el Alquimista, ni el Gato que a veces también nos visitaba han dado señales de vida.
Oh! debo hacer una pausa, alguien está golpeando las Puertas. Quien sabe que peregrino ha sido traído hasta aquí por los vientos”

CAPÍTULO 1
LA LLEGADA DE LOS TUHATA DE DANNAN
-Salve.
-¿Quién Vive?
-Loado sea Dios…¡Los Tuhata De Danan estamos ante la puerta. Avisa a tu Prior que hemos llegado y dile que tenga a bien recibirnos.
-¿Los Tuhata? Me es difícil creerte mensajero. Debes probarlo…Hace varios siglos que no los vemos por aquí.¿Cómo se que estas diciendo la verdad?.
Un tenso silencio se instaló a ambos lados de la pesada puerta del monasterio. Los vientos pararon. La noche se volvió mas negra. Los pájaros se revolvieron en sus nidos, y extendieron sus alas y asomaron sus cabecitas entre las ramas de los olivos para ver que estaba pasando.
Una brillante luz se filtró desde el otro lado por la cerradura y creció, creció creció hasta iluminar las antiguas piedras de las paredes de las celdas. La Capilla comenzó a resplandecer, la fuente a lanzar luz en lugar de agua. Los monjes, desorientados, seguros de que estaba amaneciendo y creyendo haberse quedado dormidos salieron a toda prisa de las celdas disponiéndose a realizar sus oraciones matutinas. Cuando todos estuvieron allí, como convocados por un encanto, en un solo movimiento, las puertas se abrieron solas y en medio de un intenso resplandor, los Tuhata De Dannan ingresaron triunfalmente al patio del monasterio.
Los monjes se quedaron paralizados ante la visión, y muchos cayeron de rodillas y comenzaron a rezar y a persignarse. Los mas viejos, se miraron entre ellos y sonrieron extasiados. Sabían quienes eran los Tuhata, y hacía tiempo estaban esperando esta visita.
Montados sobre sus caballos, todos blancos, avanzaron lentamente envueltos en sus ondulantes capas doradas. Un extraño viento agitó las largas cabelleras y las barbas de los monjes y el piso del monasterio se encendió con miles de estrellas. Los cascos de oro de los caballos despedían chispas al rozar el antiguo piso de piedras.
Resplandecientes mascarones de oro, diamantes, aguamarinas y rubíes, cubrían la frente de los caballos. Y terminaban en un único cuerno que partiendo del entrecejo apuntaba al cielo. Las riendas, larguisimas cintas de plata cuajadas de diamantes, caían a los costados suavemente flojas. No era necesario usarlas, los jinetes dirigían a sus animales solo con susurros y palabras mágicas. A modo de montura, usaban etéreos mantos de seda, de colores tan vivos que parecían arder en llamas naranjas, rojas y amarillas. Profusamente bordados con misteriosos signos, estaban ribeteados con cientos de cascabeles de plata que repicaban alegremente al rozar el piso.
Y ante las azoradas miradas de los monjes, una bandada de grandes pájaros, también blancos, entró volando en formación. Enlazados por sus cuellos con largas cadenas de oro, de dos en dos, los pájaros de los Tuhata sobrevolaron la caravana y se estacionaron en el aire con las alas extendidas. Montados sobre ellos, cientos de pequeños seres vigilaban desde sus puestos lo que estaba sucediendo abajo.
La Caravana se detuvo.
Algunos monjes parpadearon. Otros se restregaron los ojos para asegurarse de que estaban despiertos. Los Tuhata, hombres y mujeres, todos jóvenes, todos hermosos y sonrientes, despedían un resplandor tan intenso que no hacía falta traer velas. Sus ropajes incrustados con piedras preciosas y ribeteados en oro, con seguridad trajes de la realeza medieval, también resplandecían bajo las estrellas.

-Sean bienvendidos- dijo el Prior trazando una bendición en el aire y sonriendo bajo su larguísima barba blanca que llegaba al piso.
-Loado sea Dios- dijo el que parecía estar al mando del grupo descendiendo en un salto de la montura.- Dagda te saluda respetable anciano. Los Tuhata venimos desde muy lejos, tanto en el tiempo como en el espacio. Es Enero del 2006 del tiempo terrestre, han pasado mil años, el Tratado está vencido y debemos negociar un nuevo acuerdo. Como tu sabes tenemos que volver a conversar acerca de las relaciones entre nuestros dos Reinos- Entonces, en un elegante movimiento hincó su rodilla derecha en el suelo y de acuerdo a la tradición, besó la mano del Prior en señal de respeto.
Un murmullo de asombro y curiosidad recorrió las filas de los religiosos. El Portero musitó para sí:- Dios bendito… Son ellos.
El Prior ordenó silencio. – Bienvenidos a nuestra casa. Ya hablaremos, ahora desensillen, descansen de su larga travesía y reciban nuestro humilde albergue- acotó dulcemente haciendo una seña al monje hospedero-
Los Tuhata sonrieron e hicieron a su vez una seña a los pájaros quienes se posaron suavemente sobre el piso de piedra depositando a los pequeños jinetes que resultaron ser unos extraños enanos. Vestidos de bufones pero con expresiones feroces, se encolumnaron tras los Tuhata como un verdadero ejército, listo para irse a dormir.
Y mientras el Hospedero guiaba a los Tuhata y a los enanos a sus habitaciones, esas pequeñas celdas de piedra que ya fueran reyes o mendigos, siempre albergaban a los peregrinos, el Portero cerró herméticamente las puertas del Monasterio. Y entonces, encabezando un pequeño grupo de curiosos monjes, en una rápida carrera, los condujo a la biblioteca. Una vez había visto un grueso volumen de tapas rojas, y no le había dado importancia. Solo había leído las primeras líneas acerca de una antigua visita que los Tuhata habían efectuado al Monasterio relatada por el que en ese entonces, era el Monje Portero. En el lomo, grabada en oro, recordaba exactamente la una leyenda que decía…: ” Crónicas sobre los Tuhata de Dannan”. Tenían que consultarlo urgentemente. Urgentemente. Urgentemente- repetía nervioso una y otra vez.
Encendió las velas con manos temblorosas y buscó febrilmente entre las filas mas altas de la biblioteca, finalmente en un gesto triunfal, bajó el grueso ejemplar y lo abrió sobre la mesa de madera. Los monjes se abalanzaron sobre las amarillentas páginas y todos juntos comenzaron a leer…” Enero 1 del 1006. Año del Señor. Los Tuhata De Dannan montados en sus caballos blancos acaban de ingresar al Monasterio. Estos antiguos seres pertenecen a una raza feerica, o sea, raza mágica de Elfos y Hadas. De ellos desciende el actual pueblo de Irlanda y ellos aún se encuentran viviendo allí. Tienen miles de años, nunca envejecen, y poseen poderes mágicos portentosos. Sus contactos con los humanos han sido siempre estrechos, aunque cuando fueron invadidos y conquistados por los Milesios, los así llamados Hijos de Mil, o los Totalmente Humanos, negociaron su retirada del mundo visible y a partir de ese momento vivieron siempre ocultos bajo la superficie. Construyeron así, fabulosos palacios y jardines en las entrañas de la tierra. Las relaciones entre humanos y Tuhata sin embargo nunca se interrumpieron, solo cambiaron de forma.
Sí se sabe con seguridad que las mezclas entre ambas razas prosiguieron , aunque frecuentemente en forma de raptos…”
-¡Oh! Quien sabe con que intenciones vienen al Monasterio. Los monjes mas jóvenes e inexpertos temblaron de miedo.
– Silencio- dijo el Portero- Ustedes por cierto necesitan pasar todavía por un fuerte entrenamiento.. No hay nada que temer, pues como lo pueden ustedes comprobar, los Tuhata ya han estado aquí hace exactamente diez siglos, y por la forma en que el Prior los saludó, parece haberlos conocido personalmente. Y ellos a él. Sabemos que tiene muchos, muchos años. Mas de lo que nos podemos siquiera imaginar
Los jóvenes monjes empalidecieron bajo la luz de las velas. Hasta ahora, todo había sido comentarios y sospechas, pero nadie había podido asegurar con certeza cual era su edad. Se miraron en silencio y siguieron leyendo.
” Tuhata De Danann, significa la Tribu de la Diosa Dana. Según las crónicas Dana es una antigua deidad pagana, anterior a los Celtas. Y los Tuhata responden a sus órdenes.¿Pero quien es realmente Dana?… Ella es la mil veces bendita, mil veces antigua y mil veces eterna Madre Tierra. Aparece como la Pachamama entre los indígenas, como Gaia entre los griegos, como Ceres entre los Romanos. Sí, quien los comanda es la eterna y bendita Madre Naturaleza. Dagda, su supremo soberano, eternamente joven, dueño de un caldero mágico, tres árboles que siempre dan frutos, en cualquier estación y varios palacios de cristal, tanto submarinos como subterráneos, es quien nos ha visitado acompañado por su Corte Bendita. Sospechamos que de ellos han aprendido los alquimistas sus artes de permanecer eternamente jóvenes. Y que el Prior sabe mucho de esto.”
El Monje Portero carraspeó un poco y siguió leyendo…” Todo quien tiene trato con los Tuhata debe saber al menos, que en los Reinos de las hadas existen dos cortes: la Bendita y la Maldita. Que ellos pertenecen a la primera y que hay que cuidarse mucho de la última, formada por hadas rebeldes, que aún viven de acuerdo a las leyes del caos. O sea, no conocen el orden que da la redención.”
-Padre- preguntó uno de los monjes jóvenes..-¿No conocen el Pleroma?
-Así es. No saben, como lo sabe la Corte Bendita, que hay un plan de Dios con respecto a su creación: el que todas las criaturas alcancen su plenitud. Que todo lo que en las criaturas es potencia alcance su desarrollo, que todos seamos lo máximo que podemos ser. Pero sigamos leyendo, rápido, en cualquier momento notarán nuestra ausencia.
“Dagda tuvo cuatro hijos entre quienes ha repartido sus territorios subterráneos. A lo largo, a lo ancho y debo decir también, en lo mas profundo de sus reinos se escucha la mas excelsa música que un humano jamás pudiera escuchar y se come los platos mas exquisitos que jamás hayamos probado. Todos son elaborados con flores de inauditos colores que jamás hemos visto y sabores deliciosos, y ellos los riegan con una bebida que ya los antiguos griegos conocían. Se trata de un vino que no es vino, si no un néctar delicioso que produce sublimes ensueños y profundos estados de extasis llamado Hidromiel. Juro que cada una de las palabras que estoy escribiendo en este año 1006, bendito año del Señor, me fue revelada por los mismos Tuhata, en largas conversaciones que tuve oportunidad de realizar con algunos de ellos mientras todos estaban durmiendo. Pues nadie lo sabe, pero ellos no duermen, solo meditan para reponer fuerzas. Llegaron acompañados por una bandada de pájaros blancos que luego supimos andan siempre en parejas, y por eso están enlazados con cadenas de oro. Sobre ellos montaban los “Spriggans”, o ejércitos de duendes muy conocidos en los Reinos Mágicos. Son ellos unos enanos tremendamente feroces y están encargados de custodiarlos. Porque aunque parezca extraño, siendo los Tuhata inmortales, pueden sin embargo perecer en combate si no hay alguno de los suyos cerca, quien sepa resucitarlos inmediatamente con sus técnicas mágicas”
-Si. Si…musitaron los monjes mas viejos entre sí. Hemos escuchado hablar de ellos, son aquellos enanos que montaban los pájaros blancos; por cierto se trata de elementales muy feroces, pero también muy sabios.
” El origen de los Tuhata es desconocido. Algunos aseguran que provienen de la legendaria isla de Avalon, situada según las antiguas crónicas allende los mares lejanos, al oeste de Irlanda, o sea en el océano Atlántico. Otros aseguran que son Atlantes, y de allí su relación con los griegos, y sus contactos con Platón quien parece haberlos conocido. Lo que se asegura una y otra vez es que llegaron a Eire, así se llamaba antiguamente a Irlanda; desde el cielo. Dicen los relatos que viajaron transportados por asombrosas nubes de colores y que al desembarcar en la Isla la sumieron en nieblas durante tres días para consagrarla como lugar mágico. Todos coinciden en que eran efectivamente grandes magos, pero también poetas y bravos guerreros. Y que tenían todos los dones reconocidos como feéricos. O sea, hacerse invisibles, cambiar de tamaño, vivir miles de años y muchos otros prodigios.
Antes de su llegada, Irlanda, la Isla Verde, estaba habitada por los Formorianos, una raza de demonios gigantes contra los que tuvieron que luchar todos quienes invadieron sucesivamente a esta tierra mítica. Según el “Lebor Gabala Erren” o “Leabhar Ghabhála Herrín”, el “Antiguo libro de las Conquistas”, que los Tuhata llevan siempre con ellos para consultar las profecías, los primeros que llegaron a las tierras de lo que hoy es Irlanda, no tenían nombre y desaparecieron en el Diluvio Universal. No así los malvados Formorianos, esos siniestros demonios que permanecieron durante las sucesivas invasiones refugiándose en las montañas más altas. Luego llegaron los Partholon, pero fueron aniquilados por una peste, luego los Nemed, que fueron esclavizados por los Formorianos durante muchos años y finalmente se liberaron de ellos huyendo de Irlanda. Luego llegaron los Fir Bolgs, que no lucharon con los Formorianos, si no que negociaron con ellos su permanencia en ciertos sectores de las tierras. Y finalmente, allende los mares llegaron los Tuhata, quienes derrotaron a los Fir Bolgs y sometieron totalmente a los Formorianos. Pero esto fue posible gracias a que los Tuhata no combatían solos, varias diosas luchaban con ellos. Antes de Dagda, Nuada era su jefe, y bajo sus órdenes combatían tres de las hijas de la Diosa Dana, la Madre de todos los dioses. Los Tuhata, reinaron en Irlanda durante varios siglos estableciendo un país totalmente feerico donde la magia era la ley, y en el que las hadas y los elfos convivían abiertamente y se casaban con humanos, formando familias mixtas. Pero un buen día, la maravilla terminó. Los Milesios, también llamados “Los Completamente Humanos”, provenientes de España, atacaron por sorpresa la Isla de las maravillas y obligaron a los Tuhata a replegarse a los mundos subterráneos. Entonces los Tuhata decidieron volverse completamente invisibles y vivir de allí en mas bajo la superficie desapareciendo de la faz de Irlanda. Pero siguieron resistiendo. Los Tuhata eran una fuerza temible encerrada bajo la tierra, y aún viviendo bajo las colinas seguían teniendo poder sobre los mortales pues a ellos obedecen las fuerzas de la naturaleza.. Destruyeron cosechas, provocaron todo tipo de desastres, hasta que finalmente, Dagda, su soberano, firmó un tratado con los Milesios, negociando ciertas condiciones de convivencia entre los dos mundos. Y hasta el día de hoy, nadie sabe en que consistieron. Pero por la manera en que lo he visto conversando con nuestro Prior y hasta discutiendo ciertas cosas, sé que nosotros, los monjes, hemos heredado la única posibilidad que existe de comunicación entre los Tuhata ( los últimos seres feéricos que todavía conservan intacta su organización aristocrática, su corte real y su tribu), y los humanos. En fin creo que debo confesarlo y dejarlo sentado en este testimonio; he escuchado tras las puertas, Dios me perdone. Sé con seguridad de que el Gran Tratado con los Tuhata ha sido precisamente mediado por los Monjes y habiendo sido firmado en estos días, va a durar mil años”
-Ohhhhhhh…-Los monjes mas jóvenes, los que hacía poco habían ingresado al Monasterio se quedaron mirando fijamente la luz de la vela. Se sintieron bendecidos y asombrados de ser parte de un momento tan histórico. Era un alto honor, y al mismo tiempo, una gran responsabilidad el ser los interlocutores del legendario pueblo de las hadas. Los monjes mas viejos sonrieron bajo sus largas barbas blancas….- Hace tiempo que venimos esperando la llegada de los Tuhata y la firma del nuevo acuerdo-murmuraron casi en forma inaudible. Y se sonrieron entre ellos sin compartir sus secretos. Ellos sabían mas, mucho mas de lo que hablaban. Los monjes jóvenes los miraron con reverencia. Pero también con un toque de rivalidad, aunque esta fuera un verdadero demonio. Ellos también tenían el derecho de conocer todos los secretos.¿Cuanto mas tenían que esperar?…
El sonido de una campana los sobresaltó llamándolos a las segundas oraciones de la mañana, las Completas, que estaban por empezar. Debían apurarse ya que todos notarían su ausencia. Cerraron rápidamente el libro y en una larga fila encabezada por el Monje Portero, cubiertos por sus capuchas, se encaminaron ordenadamente a la capilla entonando los cánticos rituales.
El Prior abrió lentamente las puertas del recinto secreto. El fuego ritual que había sido encendido hacía tanto tiempo y cuidado día a día con toda reverencia por el mismo, ardía alegremente en el centro de la sala.
Las llamas se elevaron y crepitaron inquietas al verlo entrar, diríase que estaban vivas. Que lo reconocían.
El Prior encendió en incienso, acomodó cuidadosamente los símbolos sagrados y esperó meditando en silencio. Tan ensimismado estaba que no se dio cuenta cuando los siete Monjes Consejeros, los mas ancianos del monasterio, se fueron sentando a su lado, uno a uno. En un suave murmullo letánico, pronunciaron las antiguas oraciones, y se persignaron. Los miró con cariño y respeto, tantas crónicas sobre Hadas, Duendes y Elfos habían sido acunadas en los Monasterios. Pocos saben, pensó para sí, que los Monasterios siempre habían funcionado como hospederías, sobre todo en los tiempos medievales. Y que los monjes, a lo largo de los siglos, como guardianes de todo tipo de secretos, habían recopilado historias de muchos viajeros, humanos y no humanos. Y que por eso se habían hecho tan amigos de estos últimos. E inclusive, el mismo había enviado delegaciones a los Reinos Mágicos. La última, en un viaje relámpago de ida y vuelta, había incursionado en el Reino del Agua. En este momento, calculó deben estar en el Templo de las Ondinas. El Monje Portero le había pedido varias veces guiar a un grupo de los Monjes jóvenes en un largo viaje que atravesaría los Cuatro Reinos. Pero ellos tenían que conocer primero la vida monástica y desarrollar la virtud de la obediencia. Eran talentosos, y valientes, pero todavía muy rebeldes, y la humildad era una virtud cardinal para la vida de un monje. El Monje Portero era en cambio un iniciado, y por cierto tenía preparada para el una misión especial que le revelaría a su debido tiempo.
De pronto, las puertas se abrieron de par en par interrumpiendo sus pensamientos. Y una fila de Spriggans irrumpió en la sala saltando y dando vueltas carnero. Ataviados con sus trajes a rayas rojas y amarillas y sus sombreros de tres puntas llenos de cascabeles, desenrollaron cuidadosamente una gran alfombra roja. Colocándose a ambos lados del fuego, se repartieron violines, flautas y panderetas y comenzaron a tocar una melodía hechizada. El Prior entrecerró los ojos y suspiró. La conocía muy bien, y hacía tanto tiempo que la había escuchado por última vez. Los ancianos, siempre inmutables, esbozaron una sonrisa. De pronto las sólidas paredes de piedra del monasterio se iluminaron con cientos de estrellas. El Prior abrió los ojos, Dagda y su numerosa corte de Elfos y Hadas ingresaron al salón en una magnífica marcha ceremonial. El mítico soberano la encabezaba tocando alegremente su “Uaithne”, el arpa de roble que tenía vida propia. El Prior la reconoció enseguida, causaba los cambios de estaciones y tocaba sola tres tipos de músicas: la de la alegría, la de la tristeza y la que provocaba ensueños. Los Elfos sostenían solemnemente en sus manos el “Undry”, aquel famoso Caldero Mágico con el que Dagda proporcionaba alimento interminable a todo aquel que se cruzara en su camino.
Los Tuhata eran de estatura y apariencia completamente humana, pero sus largos cabellos rojos dejaban entrever las típicas orejas puntiagudas, signo inequívoco de su pertenencia a la raza feérica. Completado el círculo alrededor del fuego, Dagda, el Prior y los siete ancianos, los músicos hicieron silencio.
-El Rey de los Tuhata, posó sobre el Prior sus deslumbrantes ojos azules de destellos dorados. Eran tan profundos y tan mágicos que quien los mirara, humano o no humano, se hundía en esos dos lagos hechizados sin oponer resistencia.
-Venerable Prior- musitó Dagda- Mis respetos. Tenemos poco tiempo en términos humanos.
-Lo sé- contestó el Monje sonriendo. Querido Dagda, como tu lo has dicho, tenemos muchas cosas que conversar. Diez siglos, es bastante tiempo.
-De pronto, un gran pájaro azul entró volando por la ventana y se posó en el hombro del prior.
-Un murmullo de reconocimiento recorrió el círculo encantado. —–¿Qué hace Roc, aquí? Murmuraron los Spriggans.
-En nuestra última visita hemos dejado a los monjes un Roc, un auténtico ejemplar de la raza de los pájaros de los gigantes …¿recuerdan?- susurraron las Hadas entre ellas. Fue un regalo personal de Dagda al Prior en señal de agradecimiento por su hospitalidad. ¡Oh!Lo ha domesticado, es evidente. Y no es fácil domesticar a un pájaro de gigantes.
El ave trinaba ahora un mensaje en el oído del Prior que por lo visto, comprendía perfectamente el lenguaje de los pájaros.
– Avisa a Gargantúa que ellos están allí. No pueden esperar cien años. – susurró el Prior mirando fijamente el fuego. El pájaro agitó sus alas en señal de respuesta y en un rápido movimiento, salió volando por la ventana desapareciendo entre las primeras luces del amanecer que ya comenzaban a teñir el recinto de rojo sangre.
-Roc ha encontrado a Ojos de Menta y Ojos de Miel, los dos peregrinos de quienes no teníamos noticias- dijo el Prior dirigiéndose a los Monjes Consejeros quienes abrazándose regocijados, trazaron en el aire miles de bendiciones . – Están prisioneros, pero pronto serán liberados – dijo dirigiéndose a Dagda. -Ya sabes amigo, son probados una y otra vez, pero han recibido ya nuestras fuertes herramientas, conocen las Letanías y vieron ya muchas cosas en su largo viaje. Llegarán pronto a tus territorios, querido Dagda, te ruego que ni bien pisen el Césped Extraviado, les des protección.
-¿Ojos de Menta y Ojos de Miel?…Dagda sonrió- Los conocemos. Nos hemos cruzado con ellos, aunque fugazmente, en nuestro viaje hacia aquí. Nuestras hadas han abierto sus oídos mágicos y les han otorgado el poder de la segunda visión. Ellos pertenecen a esa nueva raza de humanos que está emergiendo en silencio, la de los ojos frescos y los ojos dulces. Cada vez hay mas Ojos de Fuego y Ojos de Cielo, Ojos de Menta y Ojos de Miel. Son de todas las edades, un día cualquiera…mutan. Se despiertan, sienten nuestro llamado, regresan a la naturaleza, duermen bajo las estrellas. Hacen su pan, huelen las flores, miran los atardeceres, simplifican sus vidas, cuidan a los amigos y sienten un irresistible anhelo de volver a vernos. Justamente de ellos quería hablarte, por ahora solo estamos entrando en sus sueños, pero ha llegado el tiempo de encontrarnos cara a cara.
-¡Oh! Dagda- también de esto quería hablarte- dijo el Prior mirándolo fijamente- Es tiempo de que los Tuhata regresen a la superficie. Nosotros los protegeremos con nuestras oraciones, les daremos alojamiento en nuestros monasterios, les buscaremos hogares humanos y territorios protegidos, allende los mares de Irlanda. Ustedes son la única auténtica raza feérica que ha conservado todas las antiguas tradiciones y logrado mantenerse inmutable, permaneciendo en contacto con los humanos del mundo entero en forma ininterrumpida. Ustedes son en estos días, los únicos interlocutores válidos con el Reino de las Hadas. No han huído al otro lado del Río Violeta, como lo tuvieron que hacer casi todos los elementales. Y además, siguieron estando presentes en nuestro mundo, a través de los relatos sagrados, ya sabes…
-Si, bendito sea Dios, a través de los así llamados; Cuentos de Hadas.
El Prior sonrió beatíficamente.
-Dagda lo abrazó en silencio. El cariño que los unía permanecía inalterable, aunque a veces hubieran tenido enfrentamientos y diferencias. No precisamente con los monjes, pero si con las instituciones humanas. Bastante daño les habían hecho, tratando de borrar su existencia, negando su realidad, y condenándolos al olvido luego de ponerles aquel maldito sello, la gran acusación de ser solamente unos perdidos…¡Paganos!.

CAPÍTULO 2
EL REINO DEL AIRE
LA ISLA PERDIDA
Mientras los Monjes y los Tuhata redactaban y establecían los compromisos que serían asumidos por ambos pueblos, el féérico y el humano en los próximos 1000 años del tiempo terrestre, Ojos de Miel, Ojos de Menta y sus acompañantes que se dirigían a la Isla Perdida, montados en sus sirenas aladas, luchaban por mantenerse en vuelo en medio de una poderosa corriente de vientos que no podían controlar. Las ráfagas, intermitentes, como siguiendo algún extraño ritmo, se habían desatado poco después de atravesar la Puerta del Tiempo sin Tiempo. Ni bien habían alcanzado una altura conveniente, mas allá de las nubes, comenzaron los tremendos torbellinos. De nada sirvieron los intentos de control. Había que tener fe, agarrarse fuertemente a las Sirenas Coronadas, y rezar.
-Cuando en nuestro camino nos cruzamos con ciertas fuerzas que en la Tierra se llaman : “Destino”, solo nos resta entregarnos y navegar en sus corrientes hacia donde ellas quieran llevarnos- dijo la Maga ente los vientos. – Ojos de Miel, cierra los ojos y agárrate fuerte a mí. Ya recibiremos ayuda del Cielo.
Sentí que el mundo se terminaba. Nada veíamos, alrededor todo era oscuridad y desolación. Los vientos nos hamacaban hacia un lado, hacia otro lado…Nos hacían subir y subir y subir y de pronto caíamos y caíamos en un pozo interminable, y volvíamos a subir. A caballo, agarrada fuertemente a la fina cintura de aquella sirena coronada que había resultado ser la Maga, sentí como sus alas se agitaban y perdían lentamente su fuerza.
Caíamos en picada….
De pronto, una tremenda fuerza, una corriente poderosa y fría, nos arrastró a toda velocidad en una nueva dirección .Entre el estruendo de los rayos, el aullar de la tormenta, y la cerrada cortina de lluvia ya no alcanzábamos a divisar a los demás integrantes de la caravana.
-Una Letanía…¡Una Letaníiiiiiía Maga!- aullé entre las ráfagas a punto de desfallecer .
– Levántese Dios el Padre y huyan mis enemigos- la Maga lanzó a los vientos las primeras palabras de la potente Letanía a los ángeles que comandaban las fuerzas de la naturaleza.
-Salve Principados, Señores de los elementos…- grité con toda mi fuerza.
Al mismo tiempo, como dos potentes hechiceras de Luz, la Maga y yo, continuamos con las inefables palabras mágicas.
-¡Oh poderosos Principados!, cobijados bajo su manto estamos seguros.
Condúzcannos. Defiéndannos. Ampárennos. Confiamos siempre en su socorro- gritamos con fuerza.-Levántese Dios el Hijo y huyan mis enemigos. Salve Principados, majestuosos guerreros invencibles. Cúbrannos con su manto…¡Defiéndannos con su cetro!- Levántese Dios, el Santo Espíritu y huyan mis enemigos.
– -Estamos solos: Acompáñennos. Estamos perdidos: Rescátennos. Estamos abatidos: Reconfórtennos.- la Maga gritó a los vientos. Su voz atravesó las ráfagas y se extendió mas allá de las nubes.
– -Condúzcannos. Defiéndannos. Ampárennos- supliqué.
Dios es con nosotros- gritamos juntas.
-Dios es con nosotros – escuchamos una dulcísima voz en la tormenta.
Los vientos siguieron, pero en medio de la tremenda corriente que nos arrastraba a algo desconocido escuchamos nuevamente la voz…:- Dios es con nosotros…
– Dios es con nosotros. Dios es con nosotros. Dios es con nosotros – salmodiaron dulces voces entre los vientos.
La Maga se dio vuelta y me miró emocionada- Dios es con nosotros Criatura – susurró dulcemente…Nos ha enviado a sus ángeles Principados. No temas.
– Dios es con nosotros ….dijeron al unísono y aunque no alcanzáramos a verlos todas las voces de la caravana. Me dí vuelta; detrás de mí, envuelto en fuertes lluvias pero siguiéndonos de cerca, Ojos de Menta levantó su mano derecha. Lo seguía nuestro Alquimista quien a pesar del tremendo viento que nos aspiraba y aspiraba hacia algo desconocido, levantó su sombrero de copa a modo de saludo. Y allí venía Arturus, nuestro querido Gato mágico, con los pelos parados y tratando de sonreír. Apenas pudo hacerlo, señaló con su negra pata a los que venían atrás. …¡Ohhhhhhh! No estábamos solos. Una larga fila de peregrinos venía volando a caballo de innumerables sirenas aladas. Allí venían los Magos Europeos, con sus rojas capas desplegadas al viento y también los Kabalistas, a quienes reconocí por sus largas barbas blancas.
Ya la veo. Gracias a Dios, creo que hemos llegado. Estamos en casa.- dijo la Maga señalando allá abajo, una verde silueta envuelta en espesas nieblas. – Creo que en solo unos minutos aterrizaremos en la Isla Perdida-

Pero apenas iniciamos el descenso, el viento se hizo mas y mas fuerte, y nos arrastró hacia abajo en una larguísima aspiración. Y cuanto mas nos acercábamos a tierra, mas fuerte se hacía la fuerza. Absorbidos por esa extraña corriente, descendimos a toda velocidad en dirección a la Isla Perdida, pero ya sin ningún control. Las sirenas coronadas, solo atinaron a plegar las alas y a dejarse llevar por el torbellino repitiendo letánicamente…”Dios es con nosotros”. Hasta que el viento nos hizo entrar en una gran caverna en la que caímos de bruces, uno a uno…
Era oscura y húmeda y sus paredes parecían estar tapizadas de pieles o algo que no podíamos distinguir. No alcanzamos a reponernos de ese aterrizaje forzoso cuando de pronto, otro viento, pero esta vez caliente y espeso, sopló como una tromba desde el fondo de la caverna y con la fuerza de cien huracanes, nos impulsó otra vez hacia fuera. Pero las Sirenas Coronadas ya no estaban allí para volar con ellas, habían desaparecido. Y entonces caímos y caímos y caímos y caímos en una interminable picada en el vacío.
Con las últimas fuerzas, casi sin aliento, y como hay que proceder ante una situación de peligro, tal como me lo habían enseñado el Pastor, los Monjes y el Eremita, seguí repitiendo como un Mantram las palabras de la sagrada Letanía…:”Dios es con nosotros”.
Como una bandada de pájaros perdidos, aterrizamos uno a uno sobre una superficie blanda y de un extraño color rosado. Arturus, gato a fin, reboto al instante y se incorporó en sus dos patas como si nada hubiera pasado. Junto a mí cayó la Maga, sin alas y sin cola de sirena, nuevamente aquella bella y misteriosa hechicera que yo había conocido. Ojos de Menta, el Alquimista y los Kabalistas descendieron totalmente enredados en sus largas barbas blancas. Los Magos Europeos planearon con sus grandes capas verdes y se posaron suavemente sobre el piso en un gracioso aterrizaje, digno de su condición de magos.
-¿Donde estamos?- gritó el Gato, tal vez esperando que alguien le contestara.
Silencio. No hubo respuesta. Pero de pronto en el rosado horizonte, apareció algo que parecía ser un inmenso ojo… Y era un ojo¡Y nos estaba observando!
Nos abrazamos entre todos formando una compacta rueda, y hasta juntamos las cabezas tratando infructuosamente de escondernos. Allí no había un solo árbol, ni siquiera una mata.¡Estábamos perdidos! En medio de ese blando desierto rosado y a modo de sol, solo había una negra y gigantesca pupila. Mirándonos fijo.
Entonces el piso se hundió bajo nuestros pies y algo o alguien, nos envolvió en una cálida y blanda pared. Y en apenas unos segundos, fuimos arrojados a un precipicio oscuro y fresco. Parecía no tener fondo, pero tenía fondo. En la oscuridad escuchamos risas, voces, cantos. Cuando abrimos los ojos, estábamos rodeados. El que parecía estar a cargo del grupo, se acercó a nosotros iluminándonos con una pequeña antorcha.
-Están bien- dijo con voz chillona. El aterrizaje no fue tan rudo- Bienvenidos.
-¿Don- donde estamos? – balbuceé todavía muy mareada por la caída y agarrándome fuerte de la mano de Ojos de Menta y de la Maga.
-¡Vaya pregunta extraña! …En el bolsillo del gigante Gargantúa. Todos lo saben- dijeron acoro los habitantes de la caverna..
-¿Quiénes son ustedes? dijo desde el piso uno de los Magos Europeos aparentando compostura y seriedad.
-¿Cooomo tu no lo sabes?. Una risa sarcástica recorrió a los extraños seres que vivían en el bolsillo- No puedo creerlo. Dinos…¿Que clase de Mago eres?. Lo miró desafiante- Nosotros en cambio, si te reconocemos. Eres uno de ellos, uno de los antiguos Magos Europeos. Por cierto muchos de ustedes vivían en Francia en el medioevo.
– Hemos perdido los conocimientos de la Tradición. Hacemos este viaje para recuperarlos- dijo compungido acomodándose su sombrero rojo. – Muchas cosas están olvidadas, es urgente volver a contarlas. Las gentes ya no saben que en occidente tenemos antiguas tradiciones mágicas. Y ni hablar de los Gigantes, como el dueño de este bolsillo, creen que ya no existen y lo que es peor, dudan de que jamás hayan existido. Les ruego me digan quienes son ustedes.
-Somos, los sirvientes del Gigante Gargantúa. El nos lleva a todos lados en sus bolsillos, el del otro lado, también está repleto de esclavos. Nos lleva por cierto, siempre con el y ya no podemos liberarnos ni cambiar nuestro destino.
-Ohhh! Pobrecillos- intervino la Maga.-¿Por qué?
– Así es. No nos es posible liberarnos. Tenemos miedo- dijo el esclavo con los ojos llenos de lágrimas.- Esa es la pura verdad. Estamos lejos de nuestros hogares originales, ya sabes, de Francia. Gargantúa ha nacido allí hace varios siglos y los Gigantes son muy longevos. Y hemos sido enviados a un país extranjero, a Inglaterra…
– Por los padres de el- terció otro esclavo de ojos celestes y mirada tierna- Hace ya mucho tiempo, llegamos a Inglaterra, como un regalo de cumpleaños. Desde entonces vamos a todos lados con el Gigante. A propósito…¿Donde estamos ahora?¿Como se llama este país?
-Luego te explicaremos -dijo el Alquimista palmeándole la espalda.
-Pero a cambio de nuestra esclavitud, vivimos una larga vida de Gigante- dijo otro orgulloso- Y ustedes pueden ahora correr la misma suerte. Gargantúa los ha atraído hasta aquí con su respiración, la misma que creyeron que era una poderosa tormenta. De las fosas de su nariz, cayeron en la palma de su mano.
– Y luego se los metió en el bolsillo- gritó otro esclavo. Todos se rieron a carcajadas. Y varios dieron saltos de alegría.- Jjajajajaja…¡Bienvenidos a la Corte del Gigante!- chillaron a coro. Ahora ya son parte de nosotros…¡Los Escalvos!
Nos miramos aterrados. Pero el Alquimista nos guiñó un ojo y como si allí no estuviera pasando nada nos dijo alegremente: – Bienvenidos al Reino del Aire, Criaturas
Lo miramos extasiados. Solo nosotros sabíamos que el era mucho mas que un sabio Alquimista. El era nuestro amado maestro, un iniciado, un mago, un místico eremita. Y bajo las túnicas de un simple pastor, el nos había guiado en el aventurado ascenso a la Montaña Sagrada donde moran los ángeles. Y nos había revelado las antiguas Letanías.
De pronto los esclavos acercaron sus antorchas y nos iluminaron uno a uno observándonos minuciosamente.
– ¡Melusiiinaaaaaaaaaaaa!- El grito de sorpresa resonó hasta el fondo del bolsillo.-¿Qué haces aquí?
-¡Salud amigos!- dijo la Maga resplandeciendo bajo el fuego de la antorcha. – He venido guiando a mis amigos, por cierto les informo para su conocimiento que estamos en el Reino del Aire y por lo que veo, este está lleno de sorpresas. .
– Te recordamos tan bien. ¿Qué ha sido de tu vida? Hace tanto tiempo que no te vemos. Gargantúa debe saber inmediatamente que estás aquí Melusina- dijo el esclavo de ojos celestes. – Pero ahora no podemos molestarlo. Apenas ha comenzado a dormir su siesta que durará cien.
-¿Cien que? – pregunté por si acaso.
-Oh, no estamos seguros si nos dijo cien días o cien años. Al cabo de este tiempo, abrirá el bolsillo para que miremos el paisaje. Viajaremos con el hacia la gran fiesta. Hacia el Gran Encuentro de Gigantes que ha sido convocado por San Cristóbal, precisamente en un lugar de la Isla Perdida y al que también asistirán las hadas que nunca hemos visto todavía.
¡Oh! No te imaginas la vida que llevamos aquí. Pasamos demasiado tiempo adentro del bolsillo o sirviendo a Gragantúa, querida Melusina.
-Pero ahora… ¿Qué haremos?- dijeron a coro compungidos- Antes de los cien …lo que sean, no podemos despertarlo. Nos atrevemos a dirigirle la palabra, de todos modos. El jamás habla con los esclavos, solo nos da órdenes y pobres de nosotros si no las cumplimos.
– Melusina..- dijo Arturus con la voz un poco chillona, como tratando de no entrar en pánico.¡Tenemos que salir de aquí!
-No te apures Arturus- dijo el Alquimista- Es el momento oportuno para hacernos ahora esta simple pregunta- – ¿A que Gigantes hemos entregado nuestra vida?¿Que situaciones nos esclavizan a cambio de una supuesta protección y seguridad?
En la penumbra, todos nos quedamos mirando el piso, reflexionando sobre las palabras del maestro.
-¿En que bolsillo vivimos encerrados?- peguntó la Maga.- En el Reino de las Hadas vemos la real realidad, aunque estos sean llamados :Mundos de Fantasía.
Suspiramos y suspiramos. Cuantos gigantes vivían allá arriba en la superficie, muchos mas de lo que nos hubiéramos imaginado. ¿Y a cuantos habíamos entregado nuestra libertad a cambio de una aparente seguridad?…Nos dolía el alma de tan solo recordarlo.
-¡Hay que salirse de estos bolsillos cuanto antes!- dijo Arturus tal vez viendo a sus propios gigantes, con los ojos cerrados y mostrando cómicamente los dientes.
– Oh…Pero estamos en grandes problemas. Ahora estamos, como ellos, atrapados, y ya no tenemos salida- se lamentó la Maga.- Estamos perdidos.
La miré extrañada. – Maga…No es cierto, no estamos solos- dije enfáticamente- Tenemos a San Cristóbal, a los ángeles, los monjes nos están protegiendo y además…¡Tenemos nuestras poderosas Letanías! Ningún Gigante puede contra ellas.
Sonrió.
-Muy bien. Esto es lo que quería escuchar. No son las circunstancias las que determinan nuestro destino, es la actitud que adoptamos ante ellas- dijo firmemente.
Los esclavos nos miraban boquiabiertos…-¿Cuáles son esas Letanías?¿Quien los protege? Nosotros solo tenemos a nuestro señor el Gigante. Y dependemos de sus caprichos. No conocemos otra vida que no sea la del bolsillo. ¿Acaso ustedes saben como podemos cambiarla? Tenemos mucho miedo.
Comprendí mas que nunca el sentido del viaje y del entrenamiento que habíamos recibido. Si no confiáramos firmemente en Dios, en la ayuda de los santos ángeles y en nuestras letanías, seríamos tan esclavos como los pobres esclavos. Esto era lo único que ahora nos diferenciaba de ellos. Juré que nunca jamás, dejaría que ese miedo, ese viejo miedo tan conocido, me atrapara en sus garras. Aunque tuviera que vivir cien años en algún bolsillo, jamás me rendiría ni perdería las esperanzas.
-¿Para cuando está previsto el Cónclave?- preguntó el Gato frunciendo el ceño, pensativo.
-Para el ciento uno, no sabemos si día o año. Por cierto cuando nos saque de aquí, deberemos trabajar el día y toda la noche para tener todo listo para la partida, así es nuestra vida de esclavos, dependemos de la voluntad de nuestro señor. Pero…de todos modos…¿Qué son esas Letanías?
La Maga, el Alquimista, los Kabalistas, Arturus, Ojos de Menta y yo, los miramos con ternura. Los sentamos en un gran círculo alrededor nuestro y comenzamos a conversar. Algunos comprendieron enseguida, otros, fijos y cerrados, solo discutieron y desconfiaron, desconfiaron y discutieron.
De pronto, todo se dio vuelta patas para arriba. Caímos gritando y chillando unos sobre otros. Una tremenda fuerza nos arrojó al fondo mas hondo del bolsillo. Que resultó ser, tan solo…¡El otro costado!
-Gargantúa está soñaaaaaando- gritaron los esclavos en la oscuridad- Acaba de darse vuelta.”
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¿Podrán los esclavos escaparse del bolsillo?…¡Quien sabe!

Sigue los pasos de Ojos de Menta y Ojos de Miel, del Gato, la Maga y el Alquimista. Te esperan muchas sorpresas…

A lo largo de las páginas de “Una heroica cruzada en el Reino de las Hadas y los Dragones”, encontrarás puertas secretas para entrar a un verdadero cuento de hadas, atravesarás paso a paso el Bosque de la Impaciencia y recibirás la clave para salir de él.
Y cuando saltes por el Anillo en Llamas, al llegar a la última página, busca “Las Cartas Mágicas”.
Son 42 pasaportes para volver a entrar en los Renos Encantados, cuando quieras. Y recibir siempre los consejos de todos los seres sutiles que viven allende el Río Violeta.
Paz y bien…
El Gato Arturus, la Maga y el Alquimista.